Decenas de millones de dólares de procedencia opaca inundaron las recientes elecciones legislativas en un intento por derrotar a candidatos demócratas progresistas al Senado en Michigan y Minnesota. En Kansas, el financiamiento secreto que impulsó a un candidato demócrata desconocido para el Senado superó en cien veces los fondos con los que contaba durante la recta final de las primarias. Mientras tanto, en Texas, los republicanos aprovecharon las laxas normas federales de transparencia para canalizar recursos de manera encubierta con el objetivo de favorecer la nominación de una candidata demócrata considerada débil y acusada de antisemitismo por su propio partido.

A nivel nacional, las elecciones de medio término en Estados Unidos están siendo atravesadas por este «dinero oscuro». Un análisis de *The New York Times* que combinó datos sobre publicidad, declaraciones de financiamiento de campañas y registros fiscales detectó la circulación de alrededor de 1.000 millones de dólares provenientes de fuentes anónimas, cifra que probablemente subestima el volumen real debido a las dificultades para rastrear estas operaciones.
El término “dinero oscuro” se refiere a los gastos políticos realizados por grupos que no revelan los nombres de sus donantes. En 2026, esta práctica ha alcanzado un nivel masivo que afecta las contiendas electorales en todo el país, con multimillonarios, corporaciones y grupos de presión que ocultan sus agendas con relativa facilidad.
El monto estimado solo incluye información pública, predominantemente relacionada con compra de espacios publicitarios en televisión y medios digitales, además de donaciones a súper comités de acción política (PACs) de organizaciones sin fines de lucro. Estas entidades también financian actividades menos visibles, como el envío de correo directo, contratación de influencers o campañas puerta a puerta, que no se clasifican estrictamente como actividades electorales pero influyen en las contiendas.
Nick Penniman, director ejecutivo de Issue One, organización que busca reducir la influencia del dinero en política, advirtió que esta cantidad representa “dinero suficiente para manipular a muchos políticos e inyectar veneno en el sistema político estadounidense”.
Ejemplos recientes incluyen al grupo Choose Freedom Inc., con poca trayectoria y fundado esta primavera boreal en Wyoming, que destinó 22 millones de dólares a publicidad para apoyar candidatos republicanos en elecciones al Congreso y Senado. Al día siguiente, otra organización sin fines de lucro vinculada al Partido Republicano lanzó una campaña similar con el mismo monto para 41 distritos de la Cámara baja. Per Aspera Policy Inc., también sin fines de lucro, adquirió publicidad por 3,7 millones para respaldar al candidato republicano al Senado por Ohio. Estas iniciativas reflejan la presencia de fondos en efectivo imposibles de rastrear.
### Modus operandi
Aunque el dinero secreto no es una novedad, en 2026 su extensión ha adquirido proporciones industriales, afectando prácticamente todas las contiendas electorales importantes, especialmente las primarias y los estados clave. En varios casos, el gasto en fondos de procedencia anónima supera incluso el financiamiento oficial de las campañas, relegando a los candidatos a simples espectadores.
Esta dinámica es especialmente marcada en las primarias. Sin embargo, la inversión masiva no siempre garantiza el triunfo. Por ejemplo, el doctor Abdul El-Sayed, progresista ganador de las primarias demócratas para el Senado en Michigan, destacó: “El poder de nuestras multitudes es mayor que el poder del dinero de nuestros oponentes”, a pesar de que su rival, la representante Haley Stevens, contó con cerca de 62 millones de dólares en publicidad financiada mayoritariamente por grupos que operan con dinero oscuro.
Defensores del financiamiento confidencial argumentan que el anonimato es esencial para la libertad de expresión. Demócratas y republicanos buscan constantemente vacíos legales y normas antiguas que permitan ocultar a sus donantes, financiando actividades políticas mediante organizaciones sin fines de lucro que dificultan el rastreo y pagando anuncios denominados “sobre políticas públicas”, que para el votante promedio son indistinguibles de los spots electorales.
Nick Penniman comparó esta realidad con “una nueva droga que circula en los círculos de poder de Washington”, en referencia al dinero oscuro que se expandió tras el fallo Citizens United de 2010, que eliminó las restricciones al gasto político.
Las cuatro mayores organizaciones sin fines de lucro ligadas a ambos partidos concentran más de 460 millones de dólares en fondos ocultos para este ciclo electoral. Registradas como entidades de bienestar social, operan junto a súper PACs afines, bajo la dirección de los mismos estrategas, ofreciendo a los donantes un mecanismo para evitar la divulgación de su identidad. El gasto publicitario directo de estas organizaciones creció de 166 millones de dólares en las elecciones de medio término de 2022 a más de 242 millones en 2026, según la firma AdImpact.
Dan Weiner, director ejecutivo del Programa de Elecciones y Gobierno del Brennan Center, sostuvo que las elecciones de mitad de mandato de este año serán “las menos transparentes” desde el fallo Citizens United, destacando que hoy cualquier persona que busque mantener su anonimato puede lograrlo.
### Maine: un caso ilustrativo
En Maine, la senadora republicana Susan Collins, en su búsqueda por la reelección en una contienda clave para el control del Senado, enfrenta una campaña donde circulan cerca de 75 millones de dólares en publicidad financiada con dinero oscuro. Esto equivale a más de 80 dólares de recursos secretos por cada votante registrado en un estado con menos de 900.000 electores. Además de anuncios televisivos, Collins ha recibido apoyo de al menos 10 envíos postales distintos realizados por la organización sin fines de lucro One Nation, alineada con los republicanos.
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